“Videla es el responsable”

  “Tuve contacto con Videla en 1980. Yo le pregunté: ‘Cuando empezaron con la represión, ¿pensó en todo, tenía todo planificado?’. El me dijo que sí y yo pensé: ‘Entonces, usted es el responsable’. Porque si las cosas hubieran ocurrido sin control, entonces hubiera sido otra cosa”.

 A continuación, algunos pasajes de una entrevista al historiador Robert Potash, publicada en Clarín el 24 de marzo de 1976.

  

(…)

-¿Intentó preguntarle (a Videla) sobre las desapariciones y los campos de concentración?
-No, no. La comida era en su casa, no hubiera sido muy diplomático, era con mujeres y todo. La conversación fue muy general. (…) Yo le pregunté: “¿Por qué no se emplea la justicia?”. Y él me dio una contestación muy particular. Me respondió con una pregunta, más o menos así: “Si en los Estados Unidos, los guerrilleros de Patty Hearst tuvieran el apoyo del mismo porcentaje de población que acompaña a la guerrilla en la Argentina – que él calculó en un 1 por ciento -, o sea, si en Estados Unidos unos dos millones de personas apoyaran a la guerrilla, ¿la justicia podría funcionar?”.

-¿Es decir que él afirmaba que la guerrilla argentina tenía una base de apoyo de 250.000 personas?
-Alrededor de 150.000 a 200.000 personas. Bueno, me dejó un poco sorprendido.
 (…)

 -Usted había tratado a muchos militares argentinos en los años 50 y 60, ¿con Viola y Videla no tuvo la impresión de que se había corrido el umbral ético?
-(…) Yo he llegado a la conclusión que los militares de los años 70 eran muy distintos a los de las generaciones anteriores. Algo los hizo cambiar, algo los volvió más duros. Ya no eran militares como, por ejemplo, Lannusse, Sanchez de Bustamante, Arredondo. Recuerdo a Castro Sanchez. Recuerdo a la gente que defendió al gobierno de Arturo Illia, un grupo originado en los azules que apoyaba la legalidad constitucional. A tal punto que he pensado en escribir un trabajo sobre la otra tradición militar.

-¿Usted habla de un sector de militares democráticos?
-Sí, es una tradición que arranca en 1930 y llega hoy hasta el general Balza. Gente que no creía que los militares pudieran gobernar. Hablo de gente que, a principios de los años 70, estaban enfrentados con la guerrilla, pero trataban de limitar la represión y no prenderse a la venganza. Pero ya había algunos círculos, por ejemplo, en la Marina, con una furia y un enojo muy entendibles porque les mataron almirantes, y que se ubicaban en el primer lugar de la represión. Leyendo declaraciones de marinos de entonces, se tiene un anticipo de lo que iba a suceder. Pero, en cuanto a tomar el poder, gente como Lannusse entendía que la política era algo muy complejo para los militares.
-Pero Onganía no lo veía así.
-Onganía era distinto, tenía una personalidad muy compleja. Fíjese que en el 63, cuando se lo indujo a que se presentara como candidato a liderar un frente nacional, él se rehusó y, en una charla con un amigo suyo, le dijo: “Dos, dos y dos”.
-¿Qué quería decir?
-Que pensaba quedarse dos años como comandante del Ejército, luego dos años de retiro dedicados a estudiar los problemas del país y otros dos años presentando su candidatura. Las cosas resultaron distintas, y muchos colegas lo vieron como un caudillo necesario. En mi libro cito una confesión de Mariano Grondona, que reconoce haber sido “uno de los que crearon ese mito”. Y Onganía, pobre, se lo creyó.
-¿Entre los militares de los años 70 se había corrido, entonces, el umbral ético?
-Sí. No sé si consciente o inconscientemente, pero aceptaban la idea de que el fin justifica los medios. Ellos se defienden diciendo que no tenían alternativa. Y otros dijeron que sí la había. Durante el gobierno de Lannusse se habían creado tribunales federales muy ágiles que actuaban en el lugar donde se había producido la acción guerrillera y tuvieron muy buenos resultados.
(…)
 -¿Puede haber un nuevo golpe militar en el futuro?
-No, no. Por varias razones. Los civiles que apoyaron el golpe aprendieron una lección, y ya, con la ofensiva carapintada de 1987, se pusieron en contra. Por otro lado, también aprendieron los militares y hoy saben que el poder no les trae ninguna ventaja. Hay que recordar las palabras de Balza, diciendo que “el que actúa contra la Constitución es un delincuente”.

Fuente: clarin.com

Todavía no hay comentarios

Replica